Elogio del ágape fraternal cusqueño, depositario y transmisor de la ternura y amor social, cobijadas en calidez, amabilidad y alegría

¡Alalaw[i], achachaw! Un repertorio para afirmar la identidad
En este argumento solo sugeriré como muestra ineludible, una cifra mínima de palabras-gesto que se representan, hablan–actúan, y se practican socialmente en él Cusco, los que se reintegran en tramas socioculturales a modo de linaje complementario de pares activados en la micropolítica local del lenguaje y en la dimensión sociocultural macro, como sucede en la ciudad y en el departamento del Cusco. En el caso de esta crónica fundamentalmente aludo a situaciones urbanas, en particular de la ciudad del Cusco, mientras que en las zonas rurales y en las comunidades campesinas indígenas, estas formas tienen sus variantes, desde los usos, prácticas y relaciones de la cultura con la política, con la económica, con la sociedad y singularidades sociolingüísticas.
Las expresiones para la interacción sociocultural cordial y del amor y alegría social no son elementos y prácticas aisladas y mucho menos están situados en desiertos áridos, en inanición de afectos, estos tienen sus respectivos wawkichas (hermanos) y ñañachas[ii] (hermanas), ellos en grupo dibujan parte del rostro de la identidad cusqueña, identificables por género, número y en la acción sociocultural, cuando estas son instrumentalizadas en la vida cotidiana en correlación con diversos conjuntos de palabras y con el léxico de la ternura cultural, que en acumulado hacen identificables a los cusqueños y a los quechua hablantes en general, por su modo unitario de hablar – actuar, porque están equipados y familiarizados con el uso de este léxico específico, sirviendo de columna esencial al lenguaje y al gesto del amor social.
Los cusqueños celebrativos pueden acentuar con axiomático apasionamiento, cusqueña y cusqueño que se honre como tal, hablará y disfrutará a flor de lengua el léxico de las exclamaciones más destacadas de la identidad lingüística y sociocultural cusqueñas. El siguiente micro glosario es la alineación de palabras que sin duda son un fragmento del núcleo magmático de la identidad cusqueña, los presento sin ningún orden o agrupamiento específico, son el: achachaw[iii], alalaw, akhakaw[iv], achhakaw[v] (achikaw[vi]), atakaw[vii], achalaw[viii], añañaw[ix] (ananaw), atataw[x], chintatatá[xi] y otros de uso cotidiano en la interacción humana específica, cara a cara y colectiva, en el ambiente sociocultural y en la relación sociopolítica de los hablantes del quechua y del castellano del Cusco, sea este entre pares, entre grupos grandes, de orden familiar y en proyección a una dimensión más macro social y cultural.
Un verano limeño, achhakaw, alalaw
El siguiente relato trata de dos jóvenes cusqueños en un verano limeño, el relato tiene mucho humor y las ganas de reírse de nosotros los/as cusqueños/as. Esta historia me contaron varias veces, todas las versiones narradas son muy parecidas, de este conjunto pequeño de narraciones ensayare escribir un solo relato. Esta fábula de los jóvenes cusqueños que viajan a Lima para disfrutar del verano de las playas del sur limeño, esta historia es protagonizada por Raúl y David, ambos jóvenes cusqueños, uno y otro viven en barrios mesocráticos de la ciudad del Cusco, hablan muy parecido, tienen el tono, el léxico, el castellano con préstamos del quechua cusqueño y ambos coinciden en su decisión de viajar a Lima para disfrutar el siguiente verano en las playas sureñas.
Raúl, para “no pasar roche” en Lima y diluir sus confines de cusqueño, y no sean visibles a los ojos y oídos de los limeños y otros, decidió viajar a la ciudad del valle del rio Rimac varios meses antes del advenimiento del verano. Cuando llego a la ciudad de Lima, no descuido ningún detalle para que su encapsulamiento tenga éxito, tuvo el cuidado de albergarse en la casa de unos parientes que radican en el distrito de San Isidro, donde también viven sus primos y amigos, con edades similares a él, este grupo le garantizaba una segunda socialización exitosa y darle cierta garantía en este propósito. Como protocolo del proceso de ocultar las formas y doctrina cusqueñas, se matriculo en un gimnasio, para lograr un cuerpo trabajado e intervenido para el verano, asimismo se matriculo en una escuela para surfear olas, en las playas de Miraflores, también estaba en clases de salsa, como parte de su socialización con los jóvenes limeños, el tono de su voz y su repertorio lexical fueron cambiando, hasta casi difuminar a simple oído y vista sus modos cusqueños, entonces dejo de utilizar y pronunciar el seseo cusqueño y hablar en castechua, se olvidó del “waykicha, el papa lindo”, y empezó a expresarse como los jóvenes limeños de los estratos A y B. Para que sea más creíble su nueva pertenencia y parezca de Lima o de otro lugar, menos del Cusco o de los andes, se atavío con toda la parafernalia del vestir de los jóvenes de los estratos A y B de Lima, lentes oscuros, adquirío ropa de marca, asistido y aconsejado por sus primos y el nuevo grupo de amigos, con ellos frecuento conciertos y noches de bohemia en las discotecas de moda de Lima. Tampoco descuido conocer y saborear la comida criolla y marina, los postres limeños, con esta nueva socialización, estaba cambiando de espíritu cultural, fueron pasando los intensos meses de este auto culturicidio (etnocidio).
David, el otro joven cusqueño, permaneció en Cusco, no hizo nada especial, tampoco preparo su físico como un ritual obligatorio para disfrutar el verano en las playas del sur de Lima, no asistió a un gimnasio, solo compro un traje de baño normal, un protector solar, y habilito un sombrero para protegerse del sol y compro con meses de anticipación su pasaje aéreo de Cusco a Lima, ahorro el dinero necesario para disfrutar austeramente el verano limeño en las playas del sur de Lima. Hasta que llego el verano, David, los primeros días de enero viajo de Cusco a Lima, se hospedo en la casa de los parientes de su madre, ellos viven en San Juan de Miraflores, porque desde este distrito es más rápido desplazarse en carros de servicio a las playas del sur de Lima, sin mucho preámbulo se acomoda donde sus familiares, como agradecimiento lleva panes chuta, queso, pasta pura de chocolate, café de Quillabamba, hojas de coca, maíz para tostado (canchita) y otras delicias. Llego donde sus parientes de Lima portando una bolsa grande cargada de inmensa reciprocidad.
Este verano era intenso en calor, y el primer viernes de su estadía en Lima, David planeo visitar y disfrutar de la playa y el sol del verano en las playas del sur limeño. Así como planifico, acompañado de sus parientes abordo un bus de servicio hacia las playas del sur, llegaron a la zona seleccionada, bajaron del bus, el troto apresurado hacia la playa y las personas que alquilan perezosas y sombrillas se le acercan, y él les dice, “hermanito a cuanto me alquilas la sombrilla”, concreto la transacción, alquilaron varias perezosas y sombrillas, él se acomodó y se puso a disfrutar del viento fresco y del sol, tomando una bebida fresca.
David esta medio adormitado en su perezosa bajo la sombrilla y en su vigilia escucha la música voluminosa de un tema de moda, el sonido es estrepitoso, tiene los bajos bien elevados, y el rugido grave del motor de la camioneta, esta frena con estrepito y David voltea la cabeza y ve un grupo de jóvenes, en la cabina y la tolva de la camioneta, se detiene y los jóvenes calzados en sus cortas y ceñidas ropas de baño, con lentes para surfear, todos portan tablas, y saltan de la tolva de la camioneta al piso, el sol es intenso, la arena esta bien caliente, al tocar sus pies descalzos la arena fogosa, estas hieren la piel de los jóvenes, ellos reaccionan pronunciando y vociferando palabras malcriadas, con el tono, léxico y volumen de la manera de hablar de los jóvenes de los estratos A y B de Lima. David los observa, por lo pretencioso de la llegada de los jóvenes, y cree escuchar una palabra muy familiar, uno del grupo al darse un golpe en el metal de la camioneta, parece que susurro un ¡achhakaw!, se sorprende, creo que ese joven es del Cusco, lo observa y lo sigue con la vista y el oído, pero Raúl continúa hablando y lo hace como el resto de los jóvenes. Después Raúl salta de la tolva de la camioneta a la arena caliente, y siente una tempestad de calor agresiva y nuevamente de las profundidades de su primera socialización emerge un segundo ¡achhakaw! y David piensa, ¿Qué? ¿Otra vez?, piensa, creo que es mi paisano, lo observa con más cuidado, pero dice, creo que me equivoque, nos es cusqueño, habla, camina y se mueve como limeño. Raúl incorporado al grupo, va en tropel en dirección al mar, y David piensa, tengo mis dudas, pero ya se dónde saldré de esta duda, si este joven es realmente un wawkicha o no es un wawkicha, y observa al grupo y a Raúl, los primeros jóvenes se lanzan al mar en dirección a las olas, y al contacto con el agua fría, gritan, y maldicen, acompañados de palabras ordinarias, “compadre, el agua esta recontra frozen”, y no deja de observar y oír a Raúl, que va a la zaga de su grupo, hasta que este se lanza a las aguas del mar, y con precisión deseada por David, Raúl grita, ¡alalaw!, entonces, David, exclama para sí, ¡es cusqueño!. Raúl con sus clases de danza, el gimnasio, las horas de tabla, y demás parafernalia material, no logro olvidar las palabras emblema de los/as cusqueños/as, del achhakaw y el alalaw, esas son sus marcas culturales, que en esta ocasión lo traicionaron, porque los tiene fijados en su identidad.
Las expresiones wawqicha, papacho, mama linda y panachay del ágape solidario cusqueño están ubicados en el registro del grupo fraterno de la identidad cusqueña, como lo son el achhakaw, el alalaw, el achachaw y otros de este grupo.
¡Eres un Wawkicha[xii]!
Era el mes de mayo, iniciaba la segunda década del siglo XXI, este evento sucedió el 2011. Estoy en un centro recreacional de Chosica, en la región Lima, lugar donde fuimos convocados un grupo grande de personas de diversas regiones del Perú, los responsables de esta reunión nos organizan en grupos, uno de los integrantes del grupo al que me destinaron, me pregunta con cierta curiosidad, ¿de dónde eres?, inmediatamente le respondí, afirmando, soy de Cusco, y mi careador inmediatamente replico, “ah, eres un waykicha”, tal definición, de mí identidad colectiva, en un inicio me sorprendió, por su fineza y detalle, porque consideraba que ese trato es muy íntimo y de la esfera familiar, de nosotros los cusqueños, de algún modo me agrado que me reconociera como un waykicha.
Continuo mi coparte y con el interés de ilustrar al grupo de colegas con los que teníamos que trabajar, él empezó a relatarles con detalle una experiencia familiar suya, esclareciendo mi sorpresa inicial, de qué modo conoció el que los cusqueños somos waykichas, continuo con su narración, “mi mamá es de Cusco y cuando viajo para allá, los familiares cusqueños de mi mamá tienen como práctica una forma de relacionarse, muy peculiar”, sin mediaciones de ningún tipo esta persona conto al grupo como sus parientes cusqueños al interactuar se agasajan mutuamente, continua, porque entre ellos se saludan diciendo “Waykicha”, y concluye, por eso a los cusqueños los conocen como waykichas. El grupo empezó a interpretar esta forma de interrelación de los cusqueños, claro haciendo mención de como los cusqueños y cusqueñas administran sus afectos sociales desde la amabilidad social, como un sello identitario, y por ese modo de interrelacionarse son identificados por otros como los “waykichas”.
El gesto, la alegría y la palabra
Otra característica de esta práctica cultural de los/as cusqueños/as se manifiesta cuando estas ternuras se actualizan en los rituales sociales, todas se enuncian y proclaman en comparsa con las palabras, que fluyen en consonancia con diversos gestos, con alegría, fervores y rituales sociales, coexistiendo con fragmentos de la interacción corporativa de ambientes situacionales, relacionales y de cotidianeidad social, pautados culturalmente, zonas para-simbólicas que transitan los cusqueños/as al interactuar entre sí, en su carácter concreto, implementando el protocolo de la ternura social.
En efecto, cuando al nosotros colectivo lo habilitan y redistribuyen ampliamente es cuando se ejerce la alegría de la afectividad, no solo se ejecutan constreñidos a la exclamación de las frases “hola papá, hola mamá linda”, sino estas voces también se extenderán y expresaran mediados y transportados por afectos físicos, con abrazos, con alegría risueña, con expresión corporal, complementado con abrazos, apretones de manos y estrechando los brazos, siendo cortejados por un manojo de locuciones que tienen asignadas diversas emociones para el volumen y el movimiento de la ternura.
Si una persona no interactúa exteriorizando las interjecciones mama linda o papa lindo, es bien evidente este no abrazará a su contraparte (otra persona), esta interacción estará casi absuelta y minimizará las expresiones físicas de contacto y cinéticas amplificadas y esta solo se confinará a lo sumo al estrechamiento de la mano, no envolverá y arrullara con su calidez a la otra persona, congelará y limitará su saludo casi a solo lo verbal, en síntesis, esta economía de la ternura social estará establecida en el narcisismo y tacañería de afectos.
El sistema sociocultural del ágape cusqueño
En la cartografía sociocultural del ágape cusqueño se exhiben diversos planos de las situaciones sociolingüísticas específicas, que son el pensamiento que va generando esta ternura y alegría social colectiva. Por lo menos son tres las dimensiones sociales donde se moviliza y se celebra el ritual social de la ternura cusqueña, el:
- primero en el ámbito privado, la parcialidad familiar
- segundo en el ámbito del paisanaje y en el contexto de un pueblo en específico
- el tercer ámbito, es el externo, se da en la relación con otras personas, grupos y pueblos diferentes, que no son parte de nuestra familia y de nuestro grupo de paisanaje.
En especial, es sobresaliente la forma de saludo y agasajo elogiado, con los parientes y con los grupos amicales cercanos, esta interacción es simétrica, de ida y vuelta, en el que se despliega la ternura bilateralmente en intensidad. Situare un ejemplo en particular para validar esta práctica en el nivel familiar y amical, veamos, si un/a cusqueño/a radica en otra ciudad del país o en otro país, cuando visita o retorna momentáneamente al Cusco, es inevitable qué en la relación cotidiana suceda un encuentro con familiares y amistades, el ágape de la ternura de inmediato será actualizado y recurrirá a la representación del guion social y psicológico particular para esta interacción, esta emergerá como fusión volcánica, con el auxilio de las palabras, en conjunto con las expresiones cordiales y el despliegue de movimientos coreografiados para la ternura y la alegría.
En cambio, las personas que no están habituadas a esta representación al enunciar sus afectos sociales y psicológicos mediante este protocolo solidario podrían sentir que el vocabulario y las expresiones de la ternura son elementos que transgreden e invaden su particular espacio vital íntimo, procurando subsistir con su extenuada individualidad.
La ternura social y los géneros
Cuando la afectividad sociocultural se manifiesta durante la interacción entre hombres y mujeres, este regateo social Inter géneros se alimenta de una diversidad sociocultural distintiva entre los géneros. El ágape social en la franja de la masculinidad intra de los hombres se exterioriza interpretando el guion coreografiado con ademanes ligeramente más extrovertidos, sonoros, medianamente cálidos, en un ambiente de alegría, los hombres mutuamente se saludan exclamando: “Hermano, hermanito, papacho, waykicha, waiki[xiii], waikito[xiv]” y pueden surgir otras variantes particulares de estas exclamaciones; estos saludos con frecuencia están acompañados de contacto físico con abrazos, apretones de mano, sonrisas, alegría y movimientos de asentimiento con el cuerpo (los gestos y movimientos del cuerpo tienen algún parecido a los realizados en las culturas orientales), componiendo reverencias, que se dilatan, se refrendan y acentúan en extremo el ritual del ágape social.
Mientras que el guion social interpretativo de la coreografía de la ternura en la interacción, en la esfera de la femineidad intra de las mujeres tiene su propia melodía, hábitat y carácter, el acumulado de cortesía femenina se expresa cuando ellas se saludan descubriendo un mayor afecto, con alegría y acrecentando el cariño, que no se aprecia entre hombres, llevando el amor social y la ternura a los extremos de la efusión social, de la siguiente manera: “hermana, hermanita, ñañay[xv], ñañachay[xvi]”, “mama linda”. La rutina del interactuar con un “urpillay y sonqollay”, es la cúspide de la ternura y cariño-amor social que autentica lo cusqueño, que tiene una génesis fundamentalmente femenina, donde en varios ámbitos sociales se extrapolan positivamente los afectos de la lealtad femenina.
Femenino = Ternura, cariño, amor
Masculino = Alegría, amabilidad, competencia social
Contexto sociocultural y político
La dimensión psicológica, simbólica y espiritual
El
cariño y ternura social heterosexual, entre mujeres y hombres está en el mismo
rango de intensidad de paridad. Las mujeres cuando expresan el afecto social
con familiares y amistades masculinas, también abrazan y se dirigen a los
hombres como “hermanito, papá, papicha”, o con el diminutivo del nombre; por su
parte los hombres al unísono corresponden el saludo a las mujeres, exclamando,
“hermanita, mamicha, mama linda o Panay”, también es importante acudir al
diminutivo del nombre, con el que se subraya el afecto, navegando en contexto
de ternura-alegría. En el momento de la representación del ritual social y del
ágape, la voz masculina es modulada con una entonación y acento particular y
alegría, una sonrisa, la voz en los actos sociales se articula más pausado, más
extenso, con mayor volumen, mayor duración en la ejecución de las palabras
expresadas, hasta alcanzar determinada expresividad y ritmo que caracteriza el
modo de la interacción de la ternura social.
[i] alaláw! interj. ¡Qué frío! ¡Qué helado! (Academia Mayor de la Lengua Quechua, 2005: 11)
[ii] ñaña [ñaña] s. Amiga (de mujer). (dgh) (Consejo Educativo de la Nación Quechua CENAQ, Sin fecha: 138)
[iii] ACHACHAW! Interj. ¡Achachay!, ¡Caramba!, ¡Oh!, ¡Ahora, pues! (Cusihuaman, 1976: 23)
[iv] AKAKAW! Interj. ¡Ay!, ¡Qué dolor! (Cusihuaman, 1976: 24)
[v] achakáw! interj. ¡Qué dolor! SINÓN: acháka, achakáy, ananáy (Academia Mayor de la Lengua Quechua, 2005: 10)
[vi] Achikaw, sinónimo de achakaw, referido a un dolor menos intenso.
[vii] Atakaw ¡Qué miedo! (Gutiérrez Camacho, Leoncio; Leónidas Mantilla Gutiérrez, Shara Huamán Jullunila, 2007: 6)
Atakaw ¡Qué feo!, ¡qué asco! (Gutiérrez Camacho, Leoncio; Leónidas Mantilla Gutiérrez, Shara Huamán Jullunila, 2007: 6)
Atakaw, es una banda de rock cusqueño, considerado entre las bandas peruanas innovadoras.
[viii] achaláw! interj. V. AÑAÑÁW. (Academia Mayor de la Lengua Quechua, 2005: 10)
añakalláw! interj. V. AÑAÑÁW. (Academia Mayor de la Lengua Quechua, 2005: 14)
añalláw! interj. V. AÑAÑÁW. (Academia Mayor de la Lengua Quechua, 2005: 14)
añañáw! interj. ¡Qué hermosura! ¡Qué bonito! ¡Qué lindo! Expresión de regocijo, de alegría. EJEM: ¡añañáw ima sumaqta t’ikashan!, ¡Qué bonito está floreciendo! SINÓN: achaláw, munaycha, añalláw, añakalláw. (Academia Mayor de la Lengua Quechua, 2005: 14)
munaycha! interj. V. AÑAÑÁW! (Academia Mayor de la Lengua Quechua, 2005: 112)
interjección (es). ¡Qué lindo!: ananáw. ||
¡Qué hermoso!: achaláw! ||… (Academia Mayor de la Lengua Quechua, 2005: 271)
[ix] Añañaw interj. ¡Qué hermosura! ¡Qué bonito! ¡Qué lindo! Expresión de regocijo, de alegría. EJEM: ¡añañáw ima sumaqta t’ikashan!, ¡Qué bonito está floreciendo! SINÓN: achaláw, munaycha, añalláw, añakalláw. (Academia Mayor de la Lengua Quechua, 2005: 14)
[x] Atataw ¡Qué asco!, ¡Que feo!, que horrible. (Gutiérrez Camacho, Leoncio; Leónidas Mantilla Gutiérrez, Shara Huamán Jullunila, 2007: 6)
[xi] Chintatatá, es una abreviación onomayotepica de la procesión de un santo o una virgen. Utilizado en Cusco por los padres cuando a sus hijos les explican de manera rápida y económica que está pasando una procesión con una banda de músicos o cuando les dicen si quieren ir a ver una procesión.
Chintatá, es una banda de músicos del Cusco, música de género rock.
[xii] Wawkicha, variante de la palabra wawqicha, que hace referencia a un amigo o pariente especial, haciendo el énfasis con el diminutivo.
[xiii] Waiki, variante de la palabra quechua wawqi.
wawqe. s. Semejanza, representación, muy parecido. || Retrato. SINÓN: wanki. (V. WAYQE) (Academia Mayor de la Lengua Quechua, 2005: 233)
[xiv] Waikito, variante de la palabra quechua wawqi.
[xv] ñañay
Ñaña. Hermana de la muger, o prima hermana, o segunda, o la de su tierra, o amiga, todas se dizen ñaña. (Gonsalez Holguín, 2007: 177)
ñaña. s. Hermana de la mujer. EJEM: warmiypa ñañanmi hamun, la hermana de mi esposa ha venido; ñaña pura, entre hermanas.
ñañachakuq. adj. y s. Que trata de hermana, por amistad. EJEM: payqa ñañachakunmi mamayta, ella es hermana de amistad de mi madre.
ñañachakuy. v. Acción de hacerse hermana, simplemente por amistad.
ñañachaq. adj. y s. Que logra hermanar a dos mujeres, en un trato familiar, por mutuo acuerdo. (Academia Mayor de la Lengua Quechua, 2005 117)
[xvi] ñañachay. v. Darle por hermana una mujer a otra. || Hacer que dos mujeres sean hermanas por amistad o trato familiar. (Academia Mayor de la Lengua Quechua, 2005: 117)
ñaña kay. s. Hermandad entre mujeres.
ñaña. s. Hermana de la mujer (trato entre mujeres). (Laime Ajacopa, 2007: 75)
FRITZ VILLASANTE SULLCA









