La conservación y las áreas naturales protegidas constructos socioculturales

Rio alto Madre de Dios, Manu, Madre de Dios, 2016. Fotografía de Fritz Villasante Sullca
Los segregados de la conservación, las comunidades locales
Los especialistas de la conservación al identificar espacios de la naturaleza con valor natural para ser conservadas, supuestamente estos espacios con esa virtud son totalmente silvestres, y parece que infieren que en estas áreas no existió y tampoco existe presencia humana, escudriñando atentamente esta decisión, se puede afirmar de esta inferencia, su condición esquiva, y que lo más corriente, normal y natural -probablemente desde el siglo XIX-, la mayoría de estas zonas con esta vocación y las áreas naturales en protección y conservación existentes tienen por lo menos cierta intervención y presencia humanas. En todo caso, lo extraordinario y poco frecuente es descubrir zonas silvestres con absoluta ausencia humana. A esta perspectiva de presunción prístina de la naturaleza se debería indagar y preguntar ¿Realmente un sitio con valor natural tiene que promover como premisa radical la ausencia humana de un área de conservación de la naturaleza? Al definir la relación naturaleza-humano, en esta noción parecen subyacer varias contradicciones respecto a la idea de esta correlación y su respectiva implementación. Este negacionismo de humanos (comunidades locales u otros) en un lugar con valor de conservación biológica es una de las prácticas de desnaturalización negativa en contradicción con la acción positiva de considerar a los humanos como parte de la naturaleza.
El humanismo universal de la conservación hegemónica
Cuando se establecen áreas naturales protegidas, uno de los argumentos de fundamento para su creación, es plantearlos como lugares de beneficio general para la humanidad, pero en la práctica solo son resultados colaterales. Desde esta perspectiva los valores humanistas fueron planteados en un sentido abstracto, proyectando que las áreas naturales protegidas son de todos, conjeturando un modelo universal de humanismo vinculado a la naturaleza, donde por lo general el único afectado negativamente son los pueblos y grupos humanos de las comunidades locales. Este concepto tiene su génesis en relación con ideas humanistas en particular narcisistas de occidente (en occidente también existen movimientos solidarios), en específico esta es una manera de acrisolar culpabilidad por el impacto del proceso de industrialización, de sus correlatos ideológicos y los impactos negativos de estos en la naturaleza, por la desnaturalización causada por la explotación depredadora de la naturaleza, con el fin de acumular más capital y concentrar más poder.
En esta inflexión humanista universalista de representación de la naturaleza, una fracción de discípulos de la comunidad conservacionista obvia a las comunidades locales y a los pueblos indígenas, quienes invariablemente son los principales afectados en su integridad y en los diversos ámbitos de sus modos de vida, sin que estos impactos negativos de las políticas de la conservación biológica se compensen o importe esta situación a esta comunidad conservacionista. Este proceder se evidencia porque para esta subunidad cultural del conservacionismo es más importante lograr el objetivo mayor, el fin humanista universal, abstracto y mono cultural engañosamente globalizado. De esta forma de pensamiento y actuación se infiere que muchas ideas, planes y políticas de la conservación están trasteando la discriminación y racismo de lo local, sin duda este proceder es una expresión del racismo ambiental[1].
La ciencia de la naturaleza y la desnaturalización de los pueblos
Este casual y particular proyecto de conservación de la naturaleza va a devenir en un proyecto humanista narcisista de la naturaleza, dejando de lado las políticas de solidaridad con el humano concreto, que son las comunidades locales, con los pueblos, contexto donde se los desnaturaliza y son mostrados como amenaza, optando por una naturaleza higienizada de humanos e híper naturalizada. Mientras que las prácticas de fraternidad con la naturaleza y de convivencia en alguna medida compatible, son más comunes, cotidianas, reales y desarrolladas en diversidad por las comunidades locales e indígenas.
Otro indicador que abona a la idea que la actual naturaleza, ya no es la primera naturaleza, y por lo contrario ratifica que esta coetánea naturaleza también es en buen porcentaje una entidad y producto sociocultural, una de las evidencias de esta afirmación es el conjunto del corpus conceptual y teórico de la conservación y de la biología, que destacan su condición de ser ciencia, que son elaborados por humanos especializados y son los que ahora modelan nuestra naturaleza contemporánea, como una consecuencia de la implementación de la cultura de la conservación, este como un proceso de híper naturalización. Durante la presencia de la primera naturaleza, centurias atrás, quien organizaba el sistema naturaleza, era la propia naturaleza, que también contenía a los humanos naturaleza, ahora quien orquesta este ordenamiento es el humano, pero no cualquier homo sapiens, es el científico naturalista, por lo general de las ciencias biológicas o vinculada a esta ciencia, ahora son ellos los aperadores calificados de la naturaleza. La concepción de primordialidad autárquica parece ser un extravío con consecuencias en extremo negativas para las comunidades locales.
Conservo la naturaleza luego pienso, desnaturalizo luego existo
La tan temida presencia humana en un sitio identificado con valor natural –presencia que no es motivo de celebración y jolgorio para la mayoría de activistas de la comunidad conservacionista-, esta ofuscación no solo se tiene que reducir al temor tomista naturalista y tampoco limitarse y considerarla desde la intervención y presencia física, in situ, sino también suponer que el solo acto y ejercicio de reflexionar de una persona o institución centrándose en un determinado sitio con valor natural – aplazando la presencia material humana-, este acto conceptual deliberativo, se considera un nivel real de intervención humana, acción por la cual se puede modificar cualquier zona con valor natural o no, que puede suceder en el corto o mediano plazo, y modificarla o no de forma mínima o mayor.
Ahora, acudiendo a la acción de reflexividad, los sitios con valor natural de la naturaleza, como los conocemos hoy, son un elemento distintivo y típico producto de la cultura moderna contemporánea. De este modo se ha domesticado, aculturado y convertido a la naturaleza a elementos parcialmente socioculturales, el que se gestiona desde una organización mundial y diversas de la sociedad civil, esto como un proceso de humanización de la naturaleza.
La conservación hegemónica y otras interacciones con la naturaleza
Se puede afirmar sin equivocación posible, la presencia humana en espacios de naturaleza es natural, un humano es parte componente de la naturaleza. Por lo común es extraño descubrir lugares con cero ausencia humana, aún en el paleolítico y neolítico. Con frecuencia la extraña idea y sutil perspectiva, que parece tener alguna vigencia y sobrevivencia velada en una variedad de pensamiento que parece venir y tener sus antecedentes en el colonialismo. Este se descubre al atribuírseles a los reputados descubrimientos de los populares exploradores y naturalistas, cuyas expediciones fueron empresas y epopeyas elaboradas desde los estándares de las culturas y sociedades de donde provenían. Estos exploradores fueron uno de los pioneros del pensamiento conservacionista occidental y parte de la tradición e historia de una forma particular, de cómo una cultura específica se relaciona con la naturaleza.
Todos los pueblos pergeñaron procedimientos para relacionarse con la naturaleza, algunos en relación paritaria y de mutualidad, otros para domesticarla, los más como recurso económico, en fin, fueron y son modos muy diversos. Los humanos con sus sociedades y culturas diseñaron una variedad de estrategias de relacionamiento entre los humanos y sus entornos naturales concretos. Estos exploradores-naturalistas redescubrieron áreas importantes para sus propias culturas, y un modo de proceder recurrente e inusitada frecuencia fue obviar a los pueblos -originarios- que habitaban por generaciones esas áreas, supuestamente prístinas, de este modo irreal, casi imaginariamente se sancionaba estas áreas como libres y con ausencia de humanos. Los naturalistas en el mejor de los casos reservaban un lugar para los pueblos indígenas, invariablemente estos como parte componente de la naturaleza descubierta, los naturalizaban, por supuesto difícilmente a los pueblos indígenas los consideraban como unidades socioculturales particulares pares a sus culturas, con saberes, conocimientos y prácticas constitutivas en el medio donde habitaban, o simplemente sus experiencias socioculturales les eran invisibles y su presencia no les generaba ningún asombro e importancia.
Animales culturales y lugares de conservación
En la gestión de la mayoría de las áreas naturales protegidas (ANPs) todavía persisten algunas ideas, conceptos y en particular prácticas, por el cual se cree que las personas, los pueblos y las comunidades humanas deben de mantenerse totalmente ajenas a las áreas naturales protegidas y si estas están ubicadas al interior de ellas, hasta las obligan a abandonarlas, las hostilizan, organizando discursos y prácticas para señalarles que no pertenecen al mundo del olimpo vegetal y de animales silvestres. Esto en flagrante contradicción con los instrumentos internacionales y normativa nacional que si valoran la presencia humana en sitios de naturaleza protegidos. Los casos de esta discriminación y vulneración de pueblos y comunidades, por habitar el interior o tener vecindad con las áreas naturales protegidas, son las mejores pruebas que los discursos, las ideas fuerza y las acciones no están alineadas y no son coherentes, sino muchas prácticas son desleales con sus mandatos.
También se fue olvidando que los humanos, antes de constituir, organizar y ser parte de entidades socioculturales complejas, fueron, son y serán inexorablemente parte componente de la naturaleza. La interacción entre naturaleza genérica y la humanidad como parte de la naturaleza fue, es y será diversa, unas veces en mutualidad, convivencia, otras en competencia con los animales, los vegetales y otros elementos y fuerzas de la naturaleza, pero la humanidad continúa siendo tan naturaleza como siempre. Ahora, muchas sociedades y culturas humanas se auto reconocen en negación y no comparables con la naturaleza, una manera de auto desnaturalización, descentrados de la naturaleza como humanos, de estas culturas (exacerbación del narcisismo) también proceden algunas ideas de segregación de las comunidades locales. Sin embargo, por más cultura compleja y tecnología de última generación que dispongan las sociedades y culturas humanas, estas continúan y continuaran siendo parte del mundo de los animales, diferentes, pero al fin especímenes de la naturaleza, con un solo agregado que los distingue, son animales socioculturales, qué por la fuerza de cierta interpretación de la cultura se fueron alejando de esa naturaleza primordial o primera naturaleza. Estas subunidades culturales de animales culturales ahora están destruyendo o modelando una particular naturaleza a su medida, deseo y necesidad.
Los territorios testigos, múltiples, pueblos y conservación
En un área determinada, hasta presumiblemente o aparentemente sin representación humana, la ocupación y presencia de los pueblos siempre es diversa y compleja, algunos pueblos habitaban espacios de la naturaleza durante varias generaciones, muchos desaparecieron y diversos permanecen en el tiempo, que fueron transformándolos en territorios o anexándolos para ellos.
Los espacios físicos definidos como territorios o los cuerpos de agua son testigos del tránsito, permanencia, desaparición y la convivencia de muchos grupos, pueblos y sociedades humanas. Con frecuencia pensamos lo que hoy definimos como territorios, que es una definición creada con la formación de los primeros y los modernos Estados. Mientras que los territorios no eran definidos tan fijamente entre cazadores recolectores, lo cual no era necesariamente al modo contemporáneo, sino en un territorio se desplazaban y habitaban varios pueblos.
Los pueblos en aislamiento y contacto inicial y la conservación
Muchos de los proyectos de conservación desde cuando fueron concebidos, cuando todavía eran proyectos y al ser formulados en la amazonia peruana fueron creados en territorios múltiples, testigo del tránsito y de la ocupación por pueblos indígenas contemporáneos y por los que no estaban asimilados. Estos lugares de territorios eran sus zonas de asentamiento, sin embargo, estos límites eran difusos para los pueblos indígenas en aislamiento y en contacto inicial, porque estos no tenían certeza e idea de la propiedad o derechos del territorio, de límites y mucho menos del concepto de tierras, que es un concepto principalmente económico.
Se dice que en aproximadamente catorce (14) áreas naturales protegidas de la amazonia peruana existe la presencia de pueblos indígenas en aislamiento y contacto inicial. Números mas números menos, este dato aproximado proporciona una situación muy compleja, y es la mejor prueba lo poco rigurosos al diagnosticar durante la creación y la gestión de estas áreas, y también está subyacente una posible idea, la presencia al interior o adyacente a las áreas de los pueblos en aislamiento o contacto inicial, no importaba mucho, está presente la idea de naturalización de estos pueblos, tal vez sutilmente y veladamente considerarlos al mismo nivel de la vida silvestre, solo que los entidades estatales para la conservación no pueden, no tienen las competencias y tampoco están entrenados para la salvaguardia y protección de estos pueblos y no es claro la garantía de un territorio con estos objetivos.
La naturalización de los pueblos indígenas en general y de los pueblos indígenas en aislamiento y contacto inicial tiene una carga y aspecto negativo, es considerarlos sin derechos culturales y colectivos, sino considerarlos de manera confusa como parte del medio ambiente y de la ecología, como sucede con la comisión del Congreso de la República, la “Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, Ambiente y Ecología”, en el Congreso de la República esta tan normalizado que no cuestionan la composición y el grupo objetivo de esta comisión. Este hecho sucede en el poder legislativo, siendo este uno de los poderes del Estado peruano, sin embargo este tiene un símil con las Áreas Naturales Protegidas (ANP) con presencia de pueblos indígenas en general y Pueblos Indígenas en Aislamiento y Contacto Inicial (PIACI), que es otro poder del Estado, el poder ejecutivo.
En algún momento parecía que la entidad rectora de las ANP aceptaba a los pueblos en aislamiento, si, y a las comunidades nativas no. Un buen ejemplo es el Parque Nacional Manu, donde tempranamente se inició su salvaguardia, elaborando instrumentos y normas internas para la protección de los PIACI en su ámbito, sin embargo, esta situación en la última década fue cambiando de forma regresiva.
La naturaleza y cultura solidarias, lugar de todos
Es urgente y tiempo para que se considere abandonar ese enfoque de exclusión, de colisión, de antagonismo entre naturaleza-conservación y humano-cultura, para optar e implementar de manera real una perspectiva de mutualidad y unidad, donde no se niegue o encumbre la naturaleza y tampoco se rechace, proscriba o deifique la cultura de los espacios con valor natural. Si bien se sabe que la naturaleza es anterior a las culturas y sociedades, los humanos lo transformaron y recrearon como otra naturaleza y ahora la cultura de la naturaleza (la conservación y otros enfoques) con su propia institucionalidad, redes, políticas, simbolismo, espiritualidad y tecnología están recreando la otra naturaleza. Naturaleza y humano (cultura) son una unidad, una es interdependiente de la otra, sin primacía, ambas son en conjunto prioridad equilibrada. Esta ocurrencia, no solo cooperara en los objetivos de conservación, sino esta perspectiva deberá ser más justa con las poblaciones locales y los pueblos indígenas.
[1] En este contexto no sorprende que muchos investigadores hayan asociado la problemática ambiental con el racismo para referirse a un “racismo ambiental” en tanto constituye una forma de discriminación institucional y estructural en el que los programas, políticas e instituciones niegan la igualdad de derechos y oportunidades, o bien dañan de forma diferencial a miembros de un determinado grupo en particular (Kottak, 1999). Una definición de racismo ambiental fue establecida por Bullard (1996: 497; Bullard y Johnson 2000: 559) que la conceptualiza como “cualquier política, práctica o directiva que afecta diferencialmente o desfavorece (intencionalmente o no) a individuos, grupos o comunidades basadas en la raza o el color”. El autor añade que el concepto “también incluye las prácticas excluyentes y restrictivas que limitan la participación de la gente… en la toma de decisiones en juntas, comisiones y organismos reguladores” (Bullard, 1993) y afirma que el racismo ambiental combinado con las políticas públicas y las prácticas de las por las sociedades negras. (RODRÍGUEZ 2012:51)
FRITZ VILLASANTE SULLCA
















